Cuatro angelitos

angelitos
Por Laura Prieto

Cuando empecé a tatuar no imaginé lo variado e interesante que es este oficio. La empatía que puedes sentir, lo agradecida que puedes estar con la vida. Llegas a tener buenos deseos para alguien que tal vez, si es su único tatuaje, no volverás a ver. Como la siguiente anécdota que les voy a compartir hoy.

Hace muchos años, cuando yo aún no era mamá, llegó al estudio una mujer, de unos treinta y tantos, pero su mirada ya se veía cansada y en su rostro se notaba que había vivido mucho. Su voz era alta y clara, ella era muy alta también. Yo tenía poco tiempo tatuando, rondaba mis veintes, pero lo que le tatué nunca lo olvidaré.

“Quiero cuatro angelitos, tipo Querubín, que sean tres niños y una niña, pero quiero que dos vayan de la mano y que vayan caminando, que se vea que se alejan, dando la espalda, de cabello lacio. Los otros dos, también van de la mano, caminando, pero voltean un poco hacia atrás, que se les vea ligeramente el rostro. La niña con pelo rizado, el niño lacio. Y quiero que tenga un fondo que los una, que se vea que van juntos”

Fue lo que me pidió. En aquel tiempo estaban de moda los Querubines. Hice varios de Botichelli. Me pareció un poco complicada la idea, pero empecé a dibujarla. Le puse un fondo de nubes, caminaban hacia una puesta de sol. A los dos días regresó mi clienta, el diseño le encantó y empezamos a trabajar. Se lo puse en el omoplato izquierdo, atrás del corazón. Durante la sesión, poco a poco se soltó la plática:

Me dijo que había tenido 4 embarazos, pero ningún hijo le sobrevivía. Dos niños los perdió a los 5 y 6 meses de gestación, eran los angelitos que se alejaban de espaldas, los representó así porque no los pudo ver, ni abrazar, sólo los podía imaginar, por eso no se les ve la cara en el tatuaje. Los otros dos, la niña y el niño que se ven de perfil, fueron de embarazos que llegaron a término, pero la niña murió durante el parto y el niño una noche antes de su cesárea programada. A ellos si los vio, los pudo cargar, los tomó de la mano, los abrazó sin querer dejarlos ir. Me dijo que ya se había resignado a que nunca sería madre. Sigue casada, pero ni ella ni su esposo podrían con otro embarazo. No se imaginan otra pérdida, y es por esto que los lleva tatuados en el corazón, no en el pecho, si no en la espalda, porque no los puede ver claramente, pero están ahí, detrás de ella, son parte de ella y de su historia.

El significado de un tatuaje

El tatuaje quedó hermoso, le encantó, se fue y ya jamás la volví a ver, pero aún me acuerdo de ella. Me hace eco hasta el día de hoy, su frase: me resigné a que nunca voy a ser mamá. Ahora que soy madre, me impacta y duele más esta historia, lo que esta mujer vivió. Me imagino la fortaleza y admiro el cierre tan bonito que le dio, puedo imaginar lo que sintió al perder a cada niño. Al estudio llegan a tatuarse mujeres que han perdido hijos, cada historia es dolorosa. Algunas sufren pérdidas a las pocas semanas de gestación, otras ya avanzado el embarazo, y por lo que sé y lo que he visto, duele igual. Al perder un bebé junto con el aliento de vida, se pierden planes, lo que te imaginas, lo que sientes, lo que amas sin conocer. Imaginas el futuro al lado de esa flamita que crece dentro de ti, das un poco de tu vida para hacerlo crecer. Me imagino, a esta mujer que sintió patear a sus cuatro bebés, ella fue el universo para esos niños, su útero dador de vida, fue el único hábitat para sus hijos, fue su mundo, en ella vivían. Me gustaría volverla a ver, ahora que tengo la experiencia de ser madre, y decirle: tú ya eres mamá, tú diste vida, concebiste, ellos sabían que eras su madre y no pudieron vivir fuera de ti, el simple hecho de concebir te hace madre.

Y tú, ¿tienes un angelito en el cielo?

enero 17, 2017

Laura Prieto

La tatuadora más rápida del oeste. Artista desde niña, la vida me llevó al arte del tatuaje. Fui la primera tatuadora de Saltillo. Orgullosamente, plasmo en tu piel trazos perfectos y fiestas de color. No hay un día que sienta que trabaje, porque cuando se vive del arte te pagan por tu pasión, por lo que te hace arder y sentirte viva, ese es el mayor regalo. Estudié artes gráficas lo que me llevó a tener gusto por escribir y hablar de todo, leer, informarme, actualizarme. Maestra de yoga, porque los primeros años tatuando cobraron factura a la espalda, pero ya no me duele nada, así que planeo tatuar hasta los 100 años. Todos mis aprendizajes son para enriquecer lo que me hace verdaderamente feliz: el tatuaje. Soy mamá de dos minime, artistas como yo, pero menos existenciales y atormentados porque ¿qué arte es más bonito que el que sale de la obscuridad o de la luz del alma? Tatúate conmigo, confía tu tatuaje en manos expertas.

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