Tatuarse a mamá

Por Laura Prieto

Frecuentemente me preguntan quién se tatúa más, si hombres o mujeres, si viejos o jóvenes, y les contesto lo mismo, hay de todo, desde niños que recién han cumplido 18 a abuelitas que llegan con sus nietos.

Hoy hablaré de los hijos, hijas y madres que se tatúan diseños para celebrar la maternidad. En el estudio es muy común que las nuevas mamás aún con bebés de brazos se tatúen el nombre del hijo. Por otro lado, hay también hijos adultos que se tatúan el nombre de la madre en el pecho, usualmente en el corazón, son pocas las mujeres madres de hijos adolescentes que se tatúan sus nombres, generalmente lo representan con alguna imagen alusiva a la maternidad, tal vez es porque la maternidad está llena de altibajos y que al final reflexionas más.

Cada vez que hago un tatuaje de este tipo, admiro a quien lo lleva, pero pienso más en mi mamá. Yo no llevo un tatuaje alusivo a ella, ni a mi hijo, pero sé que ambos saben que los amo con el alma aunque no lleve sus nombres en mi cuerpo.

Desde que soy madre valoro más todo lo que mi mamá hizo por mis hermanos y por mi, me he dado cuenta que las mamás de antes hacían su trabajo día a día sin esperar reconocimientos, sólo un festival al año en la escuela. Recuerdo a mi mamá haciendo vestidos y disfraces, siempre llevábamos los trajes más creativos y generalmente, por los ánimos de mi mamá, lográbamos ser las protagonistas de obras de teatro y bailables. Antes no había redes sociales donde las madres lucieran lo que hacían por sus hijos, no había selfies en donde la madre sale adelante y los niños de fondo, y donde escriben frases hacia sí mismas como, “súper mamá, la mamá de los pollitos, pude con todo”.

No, antes las mamás hacían de todo y su reconocimiento era el amor y gratitud de sus hijos. Los hijos les reconocíamos y para ellas era su deber hacer esto por sus hijos. Gracias a todas esas mamás dedicadas y serenas, cada día recuerdo a mi mamá, y ahora entiendo su cansancio, su mal humor, su desesperación y miedos de algunos días. Ahora valoro sus juegos, sus sorpresas, la energía que tenía, siempre bella, cargando mochilas a la salida de la escuela, y siempre una comida recién hecha al llegar a casa. Todos los días, trato de ser un poco como fue ella, no me sale muy bien aún, y eso que me faltan dos hijos más para alcanzarla, pero espero que al menos su paciencia, su voz clara y firme para la educación y su responsabilidad las pueda igualar.

Escribo para todas esas mamás de antes, las madres que muy pocas veces se tatúan. Esas madres de cuarenta y tantos, cincuenta y tantos, sesentas y más, que ahora están en sus años dorados, viendo el resultado de su crianza, viendo que todo valió la pena. Gracias por todo mamás de antes.

Para las nuevas madres: no es imposible, veamos el pasado, es el archivo del presente, hoy en día tenemos más herramientas que antes para la crianza de los niños, no desesperen los años pasan rápido y pronto estaremos en nuestros años dorados, disfruten cada día de la maternidad.

 
Texto de nuestra versión impresa Junio-Julio 2017

Laura Prieto

La tatuadora más rápida del oeste. Artista desde niña, la vida me llevó al arte del tatuaje. Fui la primera tatuadora de Saltillo. Orgullosamente, plasmo en tu piel trazos perfectos y fiestas de color. No hay un día que sienta que trabaje, porque cuando se vive del arte te pagan por tu pasión, por lo que te hace arder y sentirte viva, ese es el mayor regalo. Estudié artes gráficas lo que me llevó a tener gusto por escribir y hablar de todo, leer, informarme, actualizarme. Maestra de yoga, porque los primeros años tatuando cobraron factura a la espalda, pero ya no me duele nada, así que planeo tatuar hasta los 100 años. Todos mis aprendizajes son para enriquecer lo que me hace verdaderamente feliz: el tatuaje. Soy mamá de dos minime, artistas como yo, pero menos existenciales y atormentados porque ¿qué arte es más bonito que el que sale de la obscuridad o de la luz del alma? Tatúate conmigo, confía tu tatuaje en manos expertas.

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