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Permiso para tatuarse

Por Laura Prieto

Al tattoo shop llegan muchos niños queriéndose tatuar, me refiero a niños de 18 a 21 años, a veces tienen permiso, a veces se sienten tan adultos y prefieren pedir perdón, es entendible, aún no son del todo libres y necesitan permiso de mamá y de papá.

Otras veces llegan adultos que no tienen permiso, si, adultos casados que pierden un poco de autonomía y en ese caso esposa/esposo no les da permiso de tatuarse, y no han sido pocos, desde aquel esposo que su primer tatuaje fue el nombre de su esposa, en color lila, letra cursiva, femenino y muy pequeñito, diseño elegido y aprobado por su esposa, porque de no ser así no se podía tatuar, y, meses después llegó envalentonado a hacerse su segundo tatuaje, sin permiso, un dibujo hecho por su hijo, nervioso y emocionado me decía que no le había avisado, al terminarlo la conyugue le llamó, él le dijo que se había tatuado y se desataron los gritos por celular, me pagó atendiendo la llamada y se fue aun defendiendo su nuevo tatuaje. He tenido también esposas temerarias que llevan muchos años de casadas y se tatúan “sin permiso”, al cabo el marido es muy distraído y le dirán que es de henna. Hay clientes que llegan acompañados por mirones que hacen observaciones no muy discretas, se paran ahí, con una vibra incómoda y pesada de quien no quiere que el cliente se tatúe, con cara de desaprobación para todo, observan todo el proceso “sugiriendo” cambios de tamaño, de lugar, de diseño, diciendo frases con poco tacto como “es que yo me pondría otra cosa”, “no me termina de gustar”, “tú sabes”, y así logran borrar la sonrisa y emoción del tatuado en cuestión, esos son los que más abundan. He considerado muy seriamente hacer una simpática ilustración y escribirle ese dicho popular “los mirones son de palo”. Porque qué feo es ser un adulto tatuable y tener que pedir permiso, perder un poco de adultez y tener en el esposo o la esposa algo de papá o de mamá. Tatuarse es algo tan personal, porque finalmente el cuerpo es nuestro, es lo único que se va a la tumba, no el marido, no la esposa.

En fin, viéndole el lado positivo, hoy les dejo un simpático cartón, creado por mi esposo, que se sabe más de una de estas historias de permisos.

Laura Prieto: La tatuadora más rápida del oeste. Artista desde niña, la vida me llevó al arte del tatuaje. Fui la primera tatuadora de Saltillo. Orgullosamente, plasmo en tu piel trazos perfectos y fiestas de color. No hay un día que sienta que trabaje, porque cuando se vive del arte te pagan por tu pasión, por lo que te hace arder y sentirte viva, ese es el mayor regalo. Estudié artes gráficas lo que me llevó a tener gusto por escribir y hablar de todo, leer, informarme, actualizarme. Maestra de yoga, porque los primeros años tatuando cobraron factura a la espalda, pero ya no me duele nada, así que planeo tatuar hasta los 100 años. Todos mis aprendizajes son para enriquecer lo que me hace verdaderamente feliz: el tatuaje. Soy mamá de dos minime, artistas como yo, pero menos existenciales y atormentados porque ¿qué arte es más bonito que el que sale de la obscuridad o de la luz del alma? Tatúate conmigo, confía tu tatuaje en manos expertas.
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